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Pleno de los martes

02 noviembre 2021
El envejecimiento de la población y el papel social de los mayores
Juan Díez Nicolás

RESUMEN DE LA PONENCIA

La exposición de la ponencia tiene cuatro partes. En la primera se analiza el estado actual de la situación demográfica en el mundo, incluyendo su crecimiento hasta ahora y el previsible hasta 2050, para lo cual se han tenido en cuenta los componentes de ese crecimiento y su posible evolución por la natalidad y la mortalidad. El mismo análisis se ha llevado a cabo para las principales regiones del mundo, y para diez países seleccionados (entre ellos España, pero tanto en un caso como en otro se han tenido en cuenta también los componentes del crecimiento inmigración y emigración, componentes que lógicamente no intervienen en el caso de la población mundial. La conclusión principal de esta primera parte es que la población del mundo está envejeciendo de forma acelerada, de manera que ya es una población envejecida en Europa, y en proceso de envejecimiento en el resto del mundo, también en África. Y no parece que este proceso tenga vuelta atrás, puesto que la única forma plausible de detenerlo o revertirlo sería un aumento fuerte de la mortalidad, que nadie desea.

En la segunda parte se abordó la relación entre organización social y estructura demográfica. El problema no es el envejecimiento de la población, el problema es que los políticos querrían que la población se adapte a un cierto modelo de organización social, cuando es la organización social la que debe adaptarse a las cambiantes estructuras de las poblaciones. Se concluyó este análisis demográfico afirmando que los países más desarrollados, y muy particularmente España, tienen poblaciones envejecidas y que continúan envejeciendo aún más. Y los países menos desarrollados también están envejeciendo, y a un ritmo más acelerado del que se preveía solo hace dos décadas, por sus intensos y crecientes logros en reducir su mortalidad, y especialmente la mortalidad infantil. No hay, al menos por el momento, indicios de que estas tendencias tengan vuelta atrás, pues la única forma efectiva de hacerlo sería mediante un fuerte incremento de la mortalidad, especialmente infantil, que nadie desea.

En la tercera parte se analizó el papel y la imagen social de los mayores en las sociedades actuales, sobre la base de datos de la oleada 2010-2014 de la Encuesta Mundial de Valores. Se seleccionaron y compararon los mismos 10 países, entre ellos España. La imagen social de la población mayor, en estas diez sociedades parece que no es muy positiva cuando se toma en cuenta que se atribuye más importancia social a las personas de 40 y 20 años que a los de 70, y cuando se acepta más fácilmente a un jefe de 30 años que a uno de 70 años. Y, cuando se ve a los mayores como respetables y amistosos, pero no como competentes. Esa imagen más bien negativa se pone también de relieve cuando se acepta que ahora no se respeta mucho a los mayores, o cuando hay más diferencias entre el acuerdo y el desacuerdo con respecto a si los mayores tienen o no demasiado poder político o si las empresas que contratan a jóvenes tienen mejores resultados. La imagen es más positiva, o más políticamente correcta, cuando se rechaza que los mayores reciban más del Estado de lo que les corresponde o cuando se afirma que sean una carga para la sociedad.

Finalmente, en la cuarta parte se comentaron los principales problemas de los mayores, destacando los de salud, soledad, y especialmente el de la jubilación y las pensiones, criticando que los gobiernos, en España, resalten continuamente el gasto en pensiones cuando los mayores tienen derecho a recibirlas porque han pagado sus cotizaciones a la caja de la Seguridad Social. Sin embargo no se habla de muchos otros gastos que se incluyen en los presupuestos del Estado, incluida la corrupción, y mientras se escatima la cuantía de las pensiones a quienes han trabajado y cotizado, se dan desde la Seguridad Social toda clase de ayudas, pensiones y otras, a personas que nunca han cotizado. Se propone que la jubilación sea voluntaria, y la pensión sea proporcional a lo cotizado, pero los funcionarios públicos deben tener un régimen algo diferente.

19 octubre 2021
Crisis epidémica y crisis constitucional
Santiago Muñoz Machado

RESUMEN DE LA PONENCIA

Bajo el título “Crisis epidémica y crisis constitucional”, el ponente Santiago Muñoz Machado expuso su tesis de que las grandes catástrofes epidémicas han ido siempre acompañadas de graves alteraciones del sistema constitucional, sea por la falta de adecuación al derecho vigente de las respuestas ofrecidas por los poderes públicos, sea por la convulsión y alteración del equilibrio de poderes que las situaciones de urgencia y la insuficiencia de respuestas jurídicas adecuadas producen.

La demostración de esta tesis la hizo el ponente, en primer lugar, considerando la historia global de la humanidad y el efecto que han tenido en ella las epidemias desde los primeros relatos que se conocen. Niall Ferguson acaba de publicar un libro titulado “Desastres”, en el que analiza, entre otras cosas, los grandes sucesos epidémicos de la historia, desde la peste que afectó a Grecia durante las guerras del Peloponeso, que está ilustrada en el libro de Tucídides que narra la historia de dichas guerras, hasta las epidemias de gripe de 1918, 1956 o la actual epidemia de covid19.

A escala española, el ponente recordó las respuestas del poder público a las epidemias sucedidas desde la entrada de la peste de Marsella de 1720 hasta las epidemias de fiebre amarilla que afectaron gravemente a los debates parlamentarios durante las Cortes de Cádiz y las sucesivas epidemias de cólera que empiezan en España en 1834.

Nunca se logró tener preparada una buena respuesta legislativa, porque la más extensa y documentada, el proyecto de Código Sanitario de 1822, fracasó.

Las respuestas acordadas por el poder público frente a la epidemia de covid actual ocuparon la segunda parte de su intervención. El ponente describió y justificó que se aprecia que la lucha contra la covid ha producido tres crisis constitucionales:

  • La primera consiste en que se han suspendido indebidamente los derechos fundamentales con más amplitud, extensión territorial y duración de lo debido. No se han utilizado las potestades sanitarias atribuidas por la legislación vigente, que contienen habilitaciones suficientes para atajar la crisis, y se ha preferido utilizar la legislación de orden público contenida en la Ley de 1981 que regula los estados de alarma, excepción y sitio. Esta opción de orden público ha sido declarada constitucionalmente ilegítima por la sentencia del Tribunal Constitucional de 14 de julio de 2021. El profesor Muñoz Machado comentó esa sentencia, que se ha inclinado por una suspensión más grave y amplia de los derechos mediante la declaración del estado de excepción, lo que, según argumentó, se basa en una interpretación constitucional incorrecta.
  • La segunda crisis constitucional consiste en que se ha alterado gravemente el régimen de la atribución de funciones que tienen asignados los poderes públicos, de modo que se ha atribuido a los jueces y tribunales la tarea de compartir con la administración el dictado de reglamentos y actos administrativos, lo que resulta de todo punto insólito y contrario a nuestro sistema constitucional. Entre muchas transformaciones de nuestro sistema ordinamental, también se ha producido otra muy llamativa por vía jurisprudencial, consistente en que el Tribunal Constitucional, en la sentencia citada antes, ha ratificado su criterio de que simples decretos del Gobierno, como los que declaran el estado de alarma, tienen valor de ley y sólo pueden ser enjuiciados ante él mismo.
  • La tercera crisis constitucional provocada por las medidas de lucha contra la epidemia ha consistido en un abierto desconocimiento del sistema de reparto de competencias entre el Estado y las comunidades autónomas, sin que se haya invocado ninguna razón constitucional que lo justifique.
05 octubre 2021
¿Es latina América Latina? Una lectura desde Zubiri
Emilio Lamo de Espinosa Michels de Champourcin

RESUMEN DE LA PONENCIA

A lo largo de los últimos años, y desde extremos opuestos del espectro político, se han avanzado tesis paradójicamente coincidentes, señalando que América Latina pertenece a un universo cultural o civilizacional propio y distinto de lo que llamamos “Occidente”.

Ciertamente, esta es la opinión de parte del nuevo indigenismo latinoamericano que rechaza todo lo occidental en nombre de la preservación de esencias e identidades nativas que habrían sido destruidas por la colonización primero, y las repúblicas criollas después. Antes era Evo Morales en Bolivia, ahora es AMLO en México o Castilla en Perú.

Pero hete aquí que, cuando el presidente Trump se empecinaba en construir un muro con México para impedir la entrada de emigrantes latinos, los insultaba llamándolos bad hombres o acusándolos de violadores o asesinos, practicaba sin saberlo un tipo de rechazo y estigmatización simétrica, no exenta de racismo, pero que tiene detrás una importante tradición intelectual, como veremos.

De modo que, bien porque América Latina ni es ni ha sido nunca parte de Occidente (o no debería serlo), al que se rechaza (en visión nativista), bien porque no ha llegado aún a serlo o es algo propio y distinto (en visión trumpiana), América Latina y, por ende, lo “hispánico” o “latino” no forma parte de la “cultura” o de la “civilización” de Occidente.

Si en el sur se estigmatiza al “hombre blanco” que habría venido a polucionar la pureza de la cultura autóctona, en el norte se estigmatiza al nativo latino porque viene a polucionar la pureza del “hombre blanco”. El norte rechaza al sur en aras de su propia pureza y el sur rechaza al norte en aras de la suya.

Y más allá de que ambos coinciden en trazar una frontera cultural insalvable, lo único que les une es la común estigmatización de lo “hispano”, aunque por razones contradictorias: en un caso porque no es parte de Occidente, en el otro porque sí es parte de un Occidente que se rechaza.

La pregunta es pues inevitable: ¿es América Latina, lo “latino” o lo “hispano” parte de Occidente? O, al contrario, ¿hay una civilización latina o hispánica propia y distinta, diferente de la occidental? Preguntas que remiten a otra con larga historia: ¿es España parte de Europa, parte de Occidente? Y preguntas que malamente ocultan otra más profunda: ¿Qui prodest? ¿a quién le interesa esa expulsión de lo hispano del espacio cultural de Occidente?

Quiero recordar ahora una atinada observación de Xavier Zubiri, que es el eje sobre el que se articulan todas estas páginas. Pues en Naturaleza, historia y Dios, y al aludir a Grecia y la pervivencia del pasado, señalaba lo siguiente:

no es cierto que los griegos sean nuestros clásicos; más bien somos nosotros los griegos. Grecia constituye un elemento formal de las posibilidades de lo que somos hoy. Aludía con ello a que la cultura griega vive en nosotros y no es algo pasado sino actual y, cuando nos ponemos a pensar, Grecia está pensando dentro de nosotros; somos griegos, nos guste o no. Creo que es una idea muy inteligente. Pero lo que vale para el pensamiento y la filosofía vale también para muchas otras cosas. Y si vale para los griegos, ¿qué decir de los romanos? Veamos algunos datos bien conocidos.

Los españoles, hablamos latín, latín vulgar; nuestro derecho sigue siendo, en esencia, el derecho romano; nuestra religión mayoritaria es la religión oficial del Imperio Romano; nuestras familias siguen las costumbres romanas, nuestra agricultura es romana, y cuando yo era joven el arado y la báscula romanas todavía se usaban por los labradores españoles; nuestra arquitectura y nuestro urbanismo, las calzadas y caminos, son romanos. Nuestro nombre es un nombre romano, Hispania. En resumen, los latinos, no son nuestros clásicos pues, en más de un sentido, somos romanos y latinos. Cuando percibimos a China como un país milenario debemos responder que hay tanta o más diferencias entre la dinastía Quin y la China actual, que entre Roma y nosotros.

Pero el término “latino” apunta directamente a lo que España y Portugal hicieron en este hemisferio: romanizarlo e incorporarlo a la cultura occidental. España y Portugal hicieron en América Latina lo mismo que Roma había hecho con nosotros 1.500 años antes: romanizarnos.

Efectivamente, cuando España llegó a América, extensísimos territorios (casi toda la América del Norte y toda la cuenca del Amazonas) estaban poblados por una miríada de grupos aislados de cazadores-recolectores que conocían a sus vecinos y poco más. La diversidad lingüística que todavía sobrevive en América Latina -más de 1.000 lenguas vivas-, da una idea aproximada del patchwork de pueblos que debía ser la América pre-colombina.

Los españoles chocaron con dos civilizaciones importantes aunque ya en claro declinar, como lo prueba la facilidad de la misma “conquista”. América, propiamente, se ignoraba a sí misma, como España se ignoraba antes de ser unificada y etiquetada por Roma.

Y se da la circunstancia de que los mismos elementos culturales que unificaron a España y Portugal fueron lo que, más adelante, unificaron América Latina: dos lenguas romances, el castellano o el portugués; una religión romana, el cristianismo; el derecho romano; la arquitectura mediterránea; las ciudades (siguiendo el modelo del castrum romano); la red de caminos (siguiendo el modelo de las calzadas romanas); incluso la agricultura.

De modo que es la común pertenencia a la “familia cultural de occidente” lo que le otorga a Latinoamérica una unidad que en absoluto existía antes. Es más, le otorga un grado de unidad muy superior a la que se puede encontrar en otros continentes como Asia, África, e incluso la misma Europa, regiones que exhiben una diversidad interna que no encontramos en América Latina (ni siquiera en América como un todo).

Pero América Latina parece hoy ensimismada en sus problemas y no acaba de asumir responsabilidades globales. Los estudios del Real Instituto Elcano sobre la presencia exterior de los países y las regiones muestran reiteradamente que la presencia actual de América Latina en el mundo es muy escasa, sólo superior (y no en mucho) a la del África subsahariana, y por debajo del mundo árabe-islámico. Sin embargo, tiene una potente presencia en Naciones Unidas y en el G20 (Brasil, Argentina y México, además de España) pendientes de activarse.

Latinoamérica debe reclamarse como lo que es, una parte esencial de la civilización occidental. Esto es bueno para España, por supuesto, pero es, sobre todo, esencial para Europa y la misma América. Mucho más cuando el giro hacia el indo-pacifico de Estados Unidos se acelera, y este país parece optar por restaurar la vieja “angloesfera” – como la llamaba Churchill- que lideró las dos grandes guerras e incluso la guerra fría, marginando tanto a la vieja Europa como a América Latina.

Occidente camina sobre tres patas (la vieja Europa y las dos Américas), no dos, y estoy seguro de que Turner diría hoy que la historia contemporánea nos ha colocado a todos en el mismo lado de la frontera que, ahora sí, separa la civilización de la barbarie.

22 junio 2021
Reflexiones sobre la concordia
Fernando Suárez González

RESUMEN DE LA PONENCIA

Don Fernando Suárez inició su intervención recordando que Menéndez Pidal aseguraba saber que ya con ocasión de las guerras púnicas se enfrentan por primera vez dos Españas, una partidaria de Aníbal y otra partidaria de los Escipiones y que la línea de este enfrentamiento puede seguirse a través de muchos capítulos de nuestra historia. Aludió a las tesis de Figueiredo y de Laín, para recorrer después sumariamente los enfrentamientos que se producen en España desde la guerra de la independencia, con las sucesivas proscripciones de que fueron objeto los hombres de Cádiz, las que ellos mismos decidieron cuando volvieron en triunfo en 1820, la crueldad de las guerras carlistas y los exilios que volvió a provocar la Restauración.

Se refirió también a las frustradas apelaciones a la reconciliación y a la concordia de Félix José Reinoso, de Flórez Estrada, de Joaquín Lorenzo Villanueva, de Javier de Burgos, del Conde de Toreno, de Jaime Balmes o del General Cabrera y a las amargas quejas de la Reina gobernadora -expulsada de España cuando reina su hija Isabel II- y de Amadeo de Saboya, que atribuye a los españoles, y no a los extranjeros, los males de la nación.

Se agravan los problemas en 1917, cuando empieza a contagiarse la ilusión por la revolución rusa y se produce la huelga general revolucionaria que, con el anarquismo, el separatismo, la lucha de clases, el asesinato del Presidente Dato y el desastre de Annual conducen directamente a la Dictadura del General Primo de Rivera, la segunda República, el Frente Popular y la guerra civil, en la que nuestra Real Academia sufre los asesinatos de Ramiro de Maeztu, Álvaro López Núñez, Rufino Blanco y el electo Melquíades Álvarez, y la muerte en prisión de Julián Besteiro.

Tras recordar las llamadas a la concordia de José Antonio Primo de Rivera y de Indalecio Prieto, y los intentos reconciliadores del Régimen y del Partido Comunista, estériles por parciales, sostuvo que la reconciliación se logró, por fin, cuando subió al trono de España D. Juan Carlos I que, flanqueado por Adolfo Suárez y por Torcuato Fernández-Miranda, logró que se modificaran las leyes, que se celebraran elecciones por sufragio universal y que se alcanzara una Constitución que es la primera que se redacta y se discute por todas las fuerzas políticas de la Nación, que la aprueba la inmensa mayoría de ellas, que la refrenda abrumadoramente el pueblo español y cuya pretensión fundamental es la de que todos los ciudadanos puedan participar en la vida política. Como el propio Rey D. Juan Carlos proclamó al celebrar el décimo aniversario, bajo ella, por fin, se han encontrado para siempre las Españas discrepantes y se han olvidado el rencor y la incomprensión que durante tantos envenenaron nuestra vida nacional.

El Sr. Suárez González sostuvo que podríamos estar viviendo uno de los mejores momentos de nuestra historia y que es sumamente inquietante que la repetición de viejos errores políticos convierta la ejemplar transición española en una nueva ocasión perdida.

“En torno a esta mesa -dijo- se han sentado, y por fortuna, algunos de ellos se sientan todavía, cuatro Ministros del Gobierno promotor de la reforma política, uno de los ponentes que la defendió en las viejas Cortes, tres redactores del texto constitucional, tres senadores y cuatro diputados distintos de los anteriores que lo aprobaron en las nuevas Cortes, y hasta otros tres economistas que, al participar o estimular los pactos de la Moncloa, contribuyeron sin duda a vencer las dificultades que se presentaban a la naciente democracia. Hablo, pues, de dieciocho señores Académicos. Aparte de las Cámaras mismas, no existe institución o corporación alguna con tan alto número de participantes decisivos en la transformación política de España y atribuyéndonos nuestros Estatutos la finalidad de ilustrar las cuestiones de mayor importancia, trascendencia y aplicación, según los tiempos y circunstancias, pienso que es una buena tribuna para advertir del enfrentamiento civil que muchos perciben ya en la sociedad española, pedir que se haga un esfuerzo de información a nuestras juventudes sobre las turbulencias que he torpemente descrito y hacer un llamamiento a la concordia, es decir, a la necesidad de que las fuerzas políticas en presencia huyan de la hispana tentación de convertir en enemigo al adversario. Que no traspasen la línea de Apeles que separa la discrepancia de la discordia ni la frontera que divide la convivencia entre distintos de las animadversiones insuperables. Que no vuelvan a sostener que solo los políticos pueden hablar de política o que la concordia consiste precisamente en aceptar las propuestas del Gobierno, aunque tales propuestas sean las contrarias de las que se defendían unos meses antes”.

“Nos explicó Palacio Atard -concluyó- que la historia como ciencia se justifica precisamente por su capacidad de comprensión y que, si es usada rectamente, debe ser instrumento de paz entre los hombres y no de guerra, de concordia y no de discordia, de diálogo iluminador de nuestra inteligencia y no de imposición coactiva de cualquier dogmatismo cerrado. Lejos estaba el historiador de imaginar que un Gobierno posterior aprobaría la Ley conocida como de memoria histórica, ampliable todavía, al parecer, con una nueva Ley de memoria democrática, que vuelven a traer al terreno político las encarnizadas pugnas que dividieron a nuestros predecesores y que nuestra generación logró, al menos durante un largo período, asumir y superar”.

15 junio 2021
La pandemia en España: Algunas perspectivas sociopolíticas
Julio Iglesias de Ussel
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RESUMEN DE LA PONENCIA

Inició su intervención mencionando la intensa atención que la Academia de Ciencias Morales y Políticas prestado ya al problema de la pandemia. Buena prueba es que una docena de sus miembros han hecho ya aportaciones sustantivas en este campo con sus artículos y libros, además de promover la edición de números monográficos de las revistas que dirigen. La ponencia abordó aspectos no centrales de los aludidos estudios en cuatro apartados. En la primera se refirió a la pandemia y sus circunstancias en España, al que calificó como uno de los veinte episodios más mortíferos de los últimos 700 años y, desde luego, el acontecimiento colectivo más importante de estas primeras décadas del siglo XX, que según las estimaciones de The Economist cifran los fallecidos en todo el mundo entre 7 y 12,7 millones de personas, número mucho más alto de lo que las cifras oficiales de todo el mundo. En España en junio de 2021 las cifras oficiales contabilizan 80.000 fallecidos pero estimaciones razonables incrementan hasta 100.000 el número de muertos ocasionados por esta pandemia. Comparó estas cifras con las de la epidemia de Gripe, conocida mundialmente como española, de 1918-1919 que ocasionó en nuestro país unos 250.000 muertos, pero su incidencia fue muy diferente. Como la población total de aquellos años era la mitad de la actual, la mortalidad adaptada a la población de España hoy podría estimarse en unos 500.000 fallecidos; pero lo peculiar es que aquella epidemia afectó sobre todo a personas jóvenes y la crisis económica no fue extrema. Justo lo contrario sucede hoy, cuando la pandemia ha incidido sobre todo en adultos y pero con una aguda crisis económica simultánea. En comparación con la mencionada "gripe española", como se la llama en todo el mundo, censuró la desaparición de la denominación de "virus chino", como se conoció al principio, suprimiendo la referencia a China, cuando es unánime el juicio de que el virus surgió allí, y además sí se utilizan referencias a países en el caso de variantes o cepas como la británica, brasileña, India, surafricana etc.

Hizo referencia luego a la gestión de la pandemia en España, al retraso en hacerle frente oficialmente y las críticas y censuras políticas que han suscitado en la opinión pública. Así, según la encuesta del CIS de octubre de 2020, la institución que más ha empeorado la valoración por la gestión de la pandemia, es el Gobierno de España para el 60 % de los entrevistados.

Pasó con brevedad a la segunda parte dedicada a enumerar el contexto analítico de los efectos de la pandemia. Las consecuencias que pueda producir vienen condicionadas por el propio contexto que va desde el hundimiento y velocidad de recuperación de la economía; el logro del control efectivo de la pandemia, en España y otros países; la agilidad, acierto y eficacia del reparto por el Gobierno -en España, aunque en otros países intervendrán Comisiones de Expertos- de las ayudas económicas europeas; y el propio futuro de la pandemia y sus vacunas que nadie pronostica de manera tajante.

El centro de su intervención fue el siguiente apartado, abordando el examen de esos efectos en varios ámbitos concretos. Así pasó revista a la incidencia en las familias; en algunos aspectos de la vida cotidiana, en el teletrabajo, en algunas dimensiones de las desigualdades y en sus efectos políticos, destacando que todas las catástrofes son siempre políticas porque de suyo son imprevistas e imponen estrategias novedosas de actuación y sitúan en una posición estructuralmente compleja para el objetivo de lo que desde Maquiavelo se sabe que es el objetivo prioritario del político: durar. Aludió al reforzamiento del poder de China, la mejora de la valoración de la Unión Europea, y examinó tres dinámicas concretas observables durante la pandemia: el individualismo, el nacionalismo y localismo, las amenazas a la libertad por los usos de la situación de alarma por el Gobierno, y el rechazo a lo privado con que se ha gestionado la pandemia.

Por último en el epílogo destacó la necesidad de una profunda evaluación independiente de la pandemia -en sus aspectos sanitarios, actuación y coordinación entre los Gobiernos Autonómicos y nacional, lagunas en las normas jurídicas de la situación, sistemas de apoyo inmediatos a los damnificados- porque es imprescindible adaptar al país a los riesgos que pueden repetirse, por una u otra causa. Y sin el análisis crítico de lo sucedido y sus lagunas, nunca se podrá actuar correctamente.

08 junio 2021
De La Puebla a Belmonte. Historia y trabajo de campo.
Ricardo Sanmartín Arce

RESUMEN DE LA PONENCIA

01 junio 2021
Memoria de un peregrino en el Camino de Santiago en el Año Santo de 2021
Marcelino Oreja Aguirre

RESUMEN DE LA PONENCIA

El Camino de Santiago representa para mí, además de una opción confesional o religiosa, una vivencia muy especial. Tantos siglos de peregrinación han acrisolado una serie de valores que dan sentido tanto a la peregrinación como al itinerario. Basta con profundizar el fenómeno y escuchar a quienes recorren estos caminos en nuestra época, para comprobar que caminar hacia Santiago implica -cualquiera que sea su ideología, su confesión o su nacionalidad- una disposición personal, que se traduce en la práctica de unos valores como: la solidaridad, el esfuerzo compartido, la búsqueda de un ideal común, la convivencia, el diálogo y el conocimiento del "otro", que se adquiere a lo largo de las diferentes etapas.

Como recuerda Fray Jordi Alaraz en su comunicación al Congreso de Acogida Cristiana a la Nueva Evangelización, el Camino es ejercicio de austeridad y de sobriedad. Partimos con lo necesario y prescindimos de lo superfluo, todo lo que necesitamos cabe en una mochila. Es experiencia de nuestras limitaciones: cansancio, sed, incluso dolor. Es una prueba de humildad y nos da una visión de nuestras posibilidades. Es también muchas veces soledad, silencio interior, mirada hacia uno mismo, esfuerzo y ascesis que robustece la voluntad.
El Camino es igualmente relación con la naturaleza: paisajes, amaneceres, ocasos, ríos, valles, montañas y comunión con los demás: con las gentes del Camino y las huellas de otros peregrinos.

Pero no debemos olvidar que el Camino es, al menos yo así lo siento, sobre todo búsqueda espiritual, espacio y tiempo para la oración, para la meditación. Peregrinar es búsqueda de paz, de luz, de conocimiento, de fe.

Por eso, hoy como ayer, quienes caminan hacia Compostela regresan como personas nuevas, que han conocido otros horizontes, que han vivido con otras personas, compartiendo con ellos la condición anónima de caminante, y que se han encontrado a sí mismos, abocados por la propia naturaleza del "camino", a la idea misma de la Trascendencia.

En la actualidad, el camino sigue acogiendo la vida y la búsqueda de numerosos caminantes. Mi mensaje final es que no resulta suficiente hallar el camino. Hay que volver a pisar la calzada, que encierra más palabras que los diarios escritos del peregrino. La ruta a Santiago guarda sus secretos únicamente para el que peregrina. Y entre estos secretos figura la recuperación de valores que más que nunca necesitamos en la hora presente.

Accesos directos

Fe de erratas
- Pág. 14, donde dice Sánchez Hidalgo, Alfonso, debe decir Sánchez Hidalgo, Adolfo
- Pág. 911, donde dice Alfonso J. Sánchez Hidalgo, debe decir Adolfo J. Sánchez Hidalgo
- Pág. 654, donde dice Soraeta debe decir Soroeta
- Pág. 1.154, donde dice Sánchez Hidalgo, Alfonso, debe decir Sánchez Hidalgo, Adolfo
- Pág. 1.154, donde dice Soraeta debe decir Soroeta
- Pág. 1.135, donde dice Ex juez del TJUE debe decir Ex juez del Tribunal General de la Unión Europea