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Pleno de los martes

22 junio 2021
Reflexiones sobre la concordia
Fernando Suárez González

RESUMEN DE LA PONENCIA

Don Fernando Suárez inició su intervención recordando que Menéndez Pidal aseguraba saber que ya con ocasión de las guerras púnicas se enfrentan por primera vez dos Españas, una partidaria de Aníbal y otra partidaria de los Escipiones y que la línea de este enfrentamiento puede seguirse a través de muchos capítulos de nuestra historia. Aludió a las tesis de Figueiredo y de Laín, para recorrer después sumariamente los enfrentamientos que se producen en España desde la guerra de la independencia, con las sucesivas proscripciones de que fueron objeto los hombres de Cádiz, las que ellos mismos decidieron cuando volvieron en triunfo en 1820, la crueldad de las guerras carlistas y los exilios que volvió a provocar la Restauración.

Se refirió también a las frustradas apelaciones a la reconciliación y a la concordia de Félix José Reinoso, de Flórez Estrada, de Joaquín Lorenzo Villanueva, de Javier de Burgos, del Conde de Toreno, de Jaime Balmes o del General Cabrera y a las amargas quejas de la Reina gobernadora -expulsada de España cuando reina su hija Isabel II- y de Amadeo de Saboya, que atribuye a los españoles, y no a los extranjeros, los males de la nación.

Se agravan los problemas en 1917, cuando empieza a contagiarse la ilusión por la revolución rusa y se produce la huelga general revolucionaria que, con el anarquismo, el separatismo, la lucha de clases, el asesinato del Presidente Dato y el desastre de Annual conducen directamente a la Dictadura del General Primo de Rivera, la segunda República, el Frente Popular y la guerra civil, en la que nuestra Real Academia sufre los asesinatos de Ramiro de Maeztu, Álvaro López Núñez, Rufino Blanco y el electo Melquíades Álvarez, y la muerte en prisión de Julián Besteiro.

Tras recordar las llamadas a la concordia de José Antonio Primo de Rivera y de Indalecio Prieto, y los intentos reconciliadores del Régimen y del Partido Comunista, estériles por parciales, sostuvo que la reconciliación se logró, por fin, cuando subió al trono de España D. Juan Carlos I que, flanqueado por Adolfo Suárez y por Torcuato Fernández-Miranda, logró que se modificaran las leyes, que se celebraran elecciones por sufragio universal y que se alcanzara una Constitución que es la primera que se redacta y se discute por todas las fuerzas políticas de la Nación, que la aprueba la inmensa mayoría de ellas, que la refrenda abrumadoramente el pueblo español y cuya pretensión fundamental es la de que todos los ciudadanos puedan participar en la vida política. Como el propio Rey D. Juan Carlos proclamó al celebrar el décimo aniversario, bajo ella, por fin, se han encontrado para siempre las Españas discrepantes y se han olvidado el rencor y la incomprensión que durante tantos envenenaron nuestra vida nacional.

El Sr. Suárez González sostuvo que podríamos estar viviendo uno de los mejores momentos de nuestra historia y que es sumamente inquietante que la repetición de viejos errores políticos convierta la ejemplar transición española en una nueva ocasión perdida.

“En torno a esta mesa -dijo- se han sentado, y por fortuna, algunos de ellos se sientan todavía, cuatro Ministros del Gobierno promotor de la reforma política, uno de los ponentes que la defendió en las viejas Cortes, tres redactores del texto constitucional, tres senadores y cuatro diputados distintos de los anteriores que lo aprobaron en las nuevas Cortes, y hasta otros tres economistas que, al participar o estimular los pactos de la Moncloa, contribuyeron sin duda a vencer las dificultades que se presentaban a la naciente democracia. Hablo, pues, de dieciocho señores Académicos. Aparte de las Cámaras mismas, no existe institución o corporación alguna con tan alto número de participantes decisivos en la transformación política de España y atribuyéndonos nuestros Estatutos la finalidad de ilustrar las cuestiones de mayor importancia, trascendencia y aplicación, según los tiempos y circunstancias, pienso que es una buena tribuna para advertir del enfrentamiento civil que muchos perciben ya en la sociedad española, pedir que se haga un esfuerzo de información a nuestras juventudes sobre las turbulencias que he torpemente descrito y hacer un llamamiento a la concordia, es decir, a la necesidad de que las fuerzas políticas en presencia huyan de la hispana tentación de convertir en enemigo al adversario. Que no traspasen la línea de Apeles que separa la discrepancia de la discordia ni la frontera que divide la convivencia entre distintos de las animadversiones insuperables. Que no vuelvan a sostener que solo los políticos pueden hablar de política o que la concordia consiste precisamente en aceptar las propuestas del Gobierno, aunque tales propuestas sean las contrarias de las que se defendían unos meses antes”.

“Nos explicó Palacio Atard -concluyó- que la historia como ciencia se justifica precisamente por su capacidad de comprensión y que, si es usada rectamente, debe ser instrumento de paz entre los hombres y no de guerra, de concordia y no de discordia, de diálogo iluminador de nuestra inteligencia y no de imposición coactiva de cualquier dogmatismo cerrado. Lejos estaba el historiador de imaginar que un Gobierno posterior aprobaría la Ley conocida como de memoria histórica, ampliable todavía, al parecer, con una nueva Ley de memoria democrática, que vuelven a traer al terreno político las encarnizadas pugnas que dividieron a nuestros predecesores y que nuestra generación logró, al menos durante un largo período, asumir y superar”.

15 junio 2021
La pandemia en España: Algunas perspectivas sociopolíticas
Julio Iglesias de Ussel
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RESUMEN DE LA PONENCIA

Inició su intervención mencionando la intensa atención que la Academia de Ciencias Morales y Políticas prestado ya al problema de la pandemia. Buena prueba es que una docena de sus miembros han hecho ya aportaciones sustantivas en este campo con sus artículos y libros, además de promover la edición de números monográficos de las revistas que dirigen. La ponencia abordó aspectos no centrales de los aludidos estudios en cuatro apartados. En la primera se refirió a la pandemia y sus circunstancias en España, al que calificó como uno de los veinte episodios más mortíferos de los últimos 700 años y, desde luego, el acontecimiento colectivo más importante de estas primeras décadas del siglo XX, que según las estimaciones de The Economist cifran los fallecidos en todo el mundo entre 7 y 12,7 millones de personas, número mucho más alto de lo que las cifras oficiales de todo el mundo. En España en junio de 2021 las cifras oficiales contabilizan 80.000 fallecidos pero estimaciones razonables incrementan hasta 100.000 el número de muertos ocasionados por esta pandemia. Comparó estas cifras con las de la epidemia de Gripe, conocida mundialmente como española, de 1918-1919 que ocasionó en nuestro país unos 250.000 muertos, pero su incidencia fue muy diferente. Como la población total de aquellos años era la mitad de la actual, la mortalidad adaptada a la población de España hoy podría estimarse en unos 500.000 fallecidos; pero lo peculiar es que aquella epidemia afectó sobre todo a personas jóvenes y la crisis económica no fue extrema. Justo lo contrario sucede hoy, cuando la pandemia ha incidido sobre todo en adultos y pero con una aguda crisis económica simultánea. En comparación con la mencionada "gripe española", como se la llama en todo el mundo, censuró la desaparición de la denominación de "virus chino", como se conoció al principio, suprimiendo la referencia a China, cuando es unánime el juicio de que el virus surgió allí, y además sí se utilizan referencias a países en el caso de variantes o cepas como la británica, brasileña, India, surafricana etc.

Hizo referencia luego a la gestión de la pandemia en España, al retraso en hacerle frente oficialmente y las críticas y censuras políticas que han suscitado en la opinión pública. Así, según la encuesta del CIS de octubre de 2020, la institución que más ha empeorado la valoración por la gestión de la pandemia, es el Gobierno de España para el 60 % de los entrevistados.

Pasó con brevedad a la segunda parte dedicada a enumerar el contexto analítico de los efectos de la pandemia. Las consecuencias que pueda producir vienen condicionadas por el propio contexto que va desde el hundimiento y velocidad de recuperación de la economía; el logro del control efectivo de la pandemia, en España y otros países; la agilidad, acierto y eficacia del reparto por el Gobierno -en España, aunque en otros países intervendrán Comisiones de Expertos- de las ayudas económicas europeas; y el propio futuro de la pandemia y sus vacunas que nadie pronostica de manera tajante.

El centro de su intervención fue el siguiente apartado, abordando el examen de esos efectos en varios ámbitos concretos. Así pasó revista a la incidencia en las familias; en algunos aspectos de la vida cotidiana, en el teletrabajo, en algunas dimensiones de las desigualdades y en sus efectos políticos, destacando que todas las catástrofes son siempre políticas porque de suyo son imprevistas e imponen estrategias novedosas de actuación y sitúan en una posición estructuralmente compleja para el objetivo de lo que desde Maquiavelo se sabe que es el objetivo prioritario del político: durar. Aludió al reforzamiento del poder de China, la mejora de la valoración de la Unión Europea, y examinó tres dinámicas concretas observables durante la pandemia: el individualismo, el nacionalismo y localismo, las amenazas a la libertad por los usos de la situación de alarma por el Gobierno, y el rechazo a lo privado con que se ha gestionado la pandemia.

Por último en el epílogo destacó la necesidad de una profunda evaluación independiente de la pandemia -en sus aspectos sanitarios, actuación y coordinación entre los Gobiernos Autonómicos y nacional, lagunas en las normas jurídicas de la situación, sistemas de apoyo inmediatos a los damnificados- porque es imprescindible adaptar al país a los riesgos que pueden repetirse, por una u otra causa. Y sin el análisis crítico de lo sucedido y sus lagunas, nunca se podrá actuar correctamente.

08 junio 2021
De La Puebla a Belmonte. Historia y trabajo de campo.
Ricardo Sanmartín Arce

RESUMEN DE LA PONENCIA

01 junio 2021
Memoria de un peregrino en el Camino de Santiago en el Año Santo de 2021
Marcelino Oreja Aguirre

RESUMEN DE LA PONENCIA

El Camino de Santiago representa para mí, además de una opción confesional o religiosa, una vivencia muy especial. Tantos siglos de peregrinación han acrisolado una serie de valores que dan sentido tanto a la peregrinación como al itinerario. Basta con profundizar el fenómeno y escuchar a quienes recorren estos caminos en nuestra época, para comprobar que caminar hacia Santiago implica -cualquiera que sea su ideología, su confesión o su nacionalidad- una disposición personal, que se traduce en la práctica de unos valores como: la solidaridad, el esfuerzo compartido, la búsqueda de un ideal común, la convivencia, el diálogo y el conocimiento del "otro", que se adquiere a lo largo de las diferentes etapas.

Como recuerda Fray Jordi Alaraz en su comunicación al Congreso de Acogida Cristiana a la Nueva Evangelización, el Camino es ejercicio de austeridad y de sobriedad. Partimos con lo necesario y prescindimos de lo superfluo, todo lo que necesitamos cabe en una mochila. Es experiencia de nuestras limitaciones: cansancio, sed, incluso dolor. Es una prueba de humildad y nos da una visión de nuestras posibilidades. Es también muchas veces soledad, silencio interior, mirada hacia uno mismo, esfuerzo y ascesis que robustece la voluntad.
El Camino es igualmente relación con la naturaleza: paisajes, amaneceres, ocasos, ríos, valles, montañas y comunión con los demás: con las gentes del Camino y las huellas de otros peregrinos.

Pero no debemos olvidar que el Camino es, al menos yo así lo siento, sobre todo búsqueda espiritual, espacio y tiempo para la oración, para la meditación. Peregrinar es búsqueda de paz, de luz, de conocimiento, de fe.

Por eso, hoy como ayer, quienes caminan hacia Compostela regresan como personas nuevas, que han conocido otros horizontes, que han vivido con otras personas, compartiendo con ellos la condición anónima de caminante, y que se han encontrado a sí mismos, abocados por la propia naturaleza del "camino", a la idea misma de la Trascendencia.

En la actualidad, el camino sigue acogiendo la vida y la búsqueda de numerosos caminantes. Mi mensaje final es que no resulta suficiente hallar el camino. Hay que volver a pisar la calzada, que encierra más palabras que los diarios escritos del peregrino. La ruta a Santiago guarda sus secretos únicamente para el que peregrina. Y entre estos secretos figura la recuperación de valores que más que nunca necesitamos en la hora presente.

25 mayo 2021
La pandemia, el estado de alarma y los jueces
Pablo Lucas Murillo de la Cueva
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RESUMEN DE LA PONENCIA

El 14 de marzo de 2020 el Gobierno declaró el estado de alarma para hacer frente a la pandemia originada por el COVID-19. Fue prorrogado hasta el 21 de junio de 2020. Posteriormente, el 9 de octubre fue declarado en varios municipios de la Comunidad de Madrid, entre ellos la capital, y el 25 de octubre de 2020 volvió a declararse para toda España, esta vez con limitaciones menos intensas y encomendando su aplicación a las Comunidades Autónomas. Se prorrogó hasta el 9 de mayo de 2021. A los Reales Decretos de declaración y prórroga del estado de alarma han acompañado numerosos Reales Decretos-Leyes, algunos convertidos en leyes ordinarias, Reales Decretos y Órdenes Ministeriales. Expirado el tercer estado de alarma, se ha dejado a las Comunidades Autónomas la adopción de las medidas necesarias para proteger la salud bajo ratificación judicial, caso de limitar derechos fundamentales.

A los costes en vidas y enfermedad causados por la pandemia, se han de sumar los económicos, sociales y políticos y buena parte de las tensiones consiguientes se han trasladado a los tribunales. Ante ellos se ha discutido la constitucionalidad de las declaraciones del estado de alarma y de sus prórrogas y la conformidad a Derecho de los actos que las han aplicado y también se les ha demandado por una pluralidad de sujetos la tutela de derechos fundamentales que han considerado vulnerados por unas u otros.

Sobre la constitucionalidad de las declaraciones de estado de alarma será el Tribunal Constitucional el que deba pronunciarse ya que, según su sentencia 83/2016, los Reales Decretos por los que se declara y prorroga tienen valor de ley por lo que sólo él puede juzgarlos.

El estado de alarma no afecta ni ha afectado al funcionamiento de los tribunales en todo lo relativo al control de su aplicación y a la solución de cuestiones urgentes. La respuesta judicial, especial pero no únicamente del Tribunal Supremo, ha confirmado, en general, la legalidad de la actuación administrativa, aunque ha concedido medidas cautelares en varias ocasiones para requerir a los poderes públicos que suministraran medios de protección al personal sanitario y a las fuerzas y cuerpos de seguridad y levantar medidas claramente excesivas. Ha rechazado, por otra parte, la exigencia de responsabilidad criminal por la actuación de los miembros del Gobierno y de otras instituciones y establecido que las carencias sufridas en los primeros momentos fueron imputables al conjunto del Sistema Nacional de Salud. También ha velado por la celebración de las elecciones autonómicas en Galicia, Cataluña y Madrid y ha hecho valer la primacía de los términos de la declaración del estado de alarma sobre las decisiones de las Comunidades Autónomas.

En el último período, en el que han sido llamados los tribunales de lo contencioso-administrativo a ratificar las medidas limitativas de derechos fundamentales por razones de salud pública adoptadas por las autoridades sanitarias una vez decaído el estado de alarma, el Tribunal Supremo ha tenido que unificar de los criterios dispares expresados al respecto por las Salas de los Tribunales Superiores de Justicia.

18 mayo 2021
El modelo de Universidad española: Una crítica
Francesc de Carreras Serra

RESUMEN DE LA PONENCIA

Quizás el título es demasiado ambicioso. La ponencia trata simplemente de enumerar algunos aspectos del actual modelo universitario español, encuadrándolos en su contexto histórico y comparado.

Los modelos clásicos de universidad son el francés, el Oxford/Cambridge y el alemán. El primero se caracteriza por su centralismo y uniformidad, dando preferencia a la enseñanza y desplazando la investigación a otros órganos. El Oxford/Cambridge suministra los conocimientos necesarios y forma el carácter de una determinada manera para que el estudiante sepa adaptarse a cualquier circunstancia de la vida. El modelo alemán, además de fomentar el espíritu nacional, justifica la enseñanza universitaria en la ciencia y la investigación. Por último, el modelo de Estados Unidos, perfilado a mediados de siglo XX, combina los tres anteriores y le añade a la enseñanza un giro hacia la profesionlización y una apertura a la entrada de profesores extranjeros. En nuestros tiempos es el modelo más influyente por su innovación y flexibilidad.

Estos tres modelos entran en crisis a mediados del siglo XX porque tanto la sociedad (postindustrial) como el Estado (Social), también han cambiado. se entra en un proceso de especialización que añade más grados y más asignaturas que las existentes hasta entonces. La universidad actual poco tiene que ver con la del siglo pasado. La universidad española nunca tuvo u modelo propio. Primero se estructuró según el modelo francés, después se sobrepuso a ello, Institución Libre de Enseñanza mediante, la influencia del modelo alemán.

Cuando estaba dando sus primeros frutos, la guerra civil provocó el exilio de muchos grandes maestros con el consiguiente deterioro interno. Aunque la universidad franquista no fue un erial, hasta los años sesenta y setenta no se recuperó al nivel de antes de la guerra. Después, ya en democracia, se avanzó mucho en investigación pero la enseñanza, en general, ha sido cada vez más deficiente.

Se plantean en la ponencia cinco grandes problemas actuales:

  1. La mala formación con la que acceden los alumnos a la universidad debido a unos métodos pedagógicos que postergan el saber y conocimiento, no infunden espíritu de trabajo porque minusvaloran el esfuerzo y la memoria, así como no exigen demostrar conocimientos dado que muchas veces los exámenes son reemplazados por reemplazados por sencillos trabajos individuales o de grupo.
  2. Esta nueva pedagogía se traslada a las pruebas de acceso en las que se han suprimido las oposiciones que comprobaban los conocimientos del candidato a profesor y se ha optado por las acreditaciones, un método en el que se calibra, desde un punto de vista formal y con baremos muy discutibles, la aptitud de quien opta a la categoría de profesor.
  3. El gobierno de las universidades, invocando sin base alguna la autonomía universitaria, bajo una capa de falsa democracia es un gobierno corporativo que defiende intereses de los universitarios pero no de la sociedad, que es quien financia las universidades. Este corporativismo bloquea cualquier intento de cambio.
  4. Con la excusa del plan Bolonia, la pedagogía vigente desde hace cuarenta años en la enseñanza primaria y secundaria, pretende infiltrase en la universidad dando preferencia a la idea conocida como "aprender a aprender", que da preferencia a las llamadas "destrezas, competencias y habilidades" por encima del conocimiento en sí.
  5. El grado se extiende a muy buena parte de la población - como antes hizo el bachillerato - y los títulos que se cotizarán en el mercado laboral son las especialidades impartidas en los postgrados, en los cuales las universidades privadas tendrán preferencia sobre las públicas, con el consiguiente deterioro de la igualdad de oportunidades, la meta social que se fijaba en las universidades públicas.

Ahora bien, no todos es negativo en la universidad actual e incluso lo que hoy lo es puede remediarse mediante una aplicación sensata y prudente de las normas que regulan la universidad pública.

11 mayo 2021
La conferencia sobre el futuro de Europa: Razones para un espacio de diálogo ciudadano
Araceli Mangas Martin
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RESUMEN DE LA PONENCIA

El 9 de mayo de 2020, setenta años después de la Declaración Schuman, estaba previsto inaugurar la Conferencia sobre el Futuro de Europa con el propósito de escuchar a la sociedad civil antes de entablar la reforma de los Tratados. La irrupción de la pandemia COVID-19 lo retrasó y este pasado 9 de mayo ha sido la inauguración solemne en Estrasburgo celebrada conjuntamente por el Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión.

La presidenta Von der Leyen propuso en su discurso de investidura (julio 2019) un diálogo social estructurado bajo la denominación de “Conferencia sobre el Futuro de Europa” (en adelante, CFdE) a fin de escuchar y dialogar con la sociedad europea durante doce meses. Este espacio nuevo de diálogo con la sociedad precedería a la fase institucional de reforma. Es una iniciativa al margen del Tratado, que complementa y enriquece, pero no sustituye ni desplaza las legitimidades que se deben encontrar en el camino reglado de una revisión de los tratados.

La convocatoria sugiere una lista no exhaustiva ni cerrada de posibles temas para la CFdE: salud, emergencia climática, migraciones, economía, justicia social y empleo, la transformación digital, el papel de la UE en el mundo, educación, cultura, valores y derechos, y la democracia en la UE. Estos temas están en las prioridades generales de la UE y, además, coinciden con las preferencias ciudadanas en los euro-barómetros.

El quid es cómo organizar los paneles de debate. Está bien que tengan diversidad de origen geográfico, género, edad, contexto socioeconómico y nivel de educación de los ciudadanos y que la presencia de jóvenes esté asegurada.

La retirada británica de la UE ha provocado vientos favorables al proyecto europeo con un aumento sensible en 2019 de la participación en las elecciones al Parlamento Europeo. La ciudadanía cree con fuerza en el proyecto europeo.

Las reformas no necesariamente están relacionadas con un mal funcionamiento general, o con una situación grave o angustiosa de la Unión. Es la necesidad de adaptarse a los tiempos cambiantes. Incluidas las lecciones de la pandemia del COVID-19. La amplia lista de objetivos de la integración, incluidos en la reforma de Lisboa (art. 3 TUE), en parte, han quedado envejecidos o superados. Hoy en día, no hay planes, fines u objetivos de la UE que no hayan sufrido la usura del tiempo.

Reformar es la respuesta pragmática a la idea de progresividad; a la idea de que el futuro se construye poco a poco y entre todos. Los Tratados constitutivos son una construcción intergeneracional constante. La idea de la Comisión Europea es reservar un papel central directamente a los diálogos ciudadanos, a la idea de contar con la gente. Aboga por un espacio propio para que los ciudadanos se expresen y sean escuchados ante las grandes transiciones, la verde y la digital, y un mundo nuevo marcado por la consolidación abrumadora de China como la gran superpotencia con todas sus consecuencias. ¿Es la hora de pensar en la soberanía europea como reclamaron la Comisión (Juncker) y Francia desde 2017?

La unificación europea ha sido, hasta ahora, fundamentalmente un proyecto de paz, y aquella voluntad de reconciliación entre 1945-1950 ha sido un éxito para nosotros y para la civilización. Ello fue un “acto moral”, guiados por la ética de la reconciliación y la paz, con forma jurídica que exigió el sacrificio parcial de las soberanías nacionales, su traslación a instituciones y políticas comunes con un gran mercado a cohesionar y la atenuación de las identidades nacionales, pero sin construir una identidad propia.

Sin embargo, la paz se valora como activo patrimonial, ya conseguido, pero no como proyecto de futuro. Se comienza a apuntar que la Unión Europea debe plantearse ser un proyecto de potencia, en la que conviva la soberanía nacional y la soberanía europea para ser influyente y protectora.

La UE no se había planteado ser un proyecto de potencia, acto eminentemente político. Ahora ya hay bases, una suerte de fundamento in re (el mercado, la ciudadanía, la unión económica, financiera y monetaria, la potencia normativa y solidaria…) para asumir que la UE puede llegar a ser una potencia global con autonomía para actuar por sí sola cuando sean nuestros los problemas y los debamos resolver. Para defender los intereses de la UE sin depender de otros, para depender más de sí misma. No se trata tanto de ceder soberanía sino compartir con los demás Estados europeos todas nuestras capacidades para defender intereses y soluciones definidos en nuestro propio seno.
¿Ha llegado el momento de, sin abandonar el proyecto de paz, abordar el proyecto de potencia? Pasar de la conciencia moral, tejida sólidamente con políticas comunes y técnica jurídica para garantizar la paz y prosperidad entre nosotros, a la conciencia política de nuestra potencia.

Los Tratados en su articulado solo hablan de identidades nacionales, si bien el Preámbulo del TUE siembra la idea de reforzar “la identidad y la independencia europeas” mediante la acción exterior. La participación directa ciudadana en el debate político en la CFdE puede abrir también un cambio transcendental en la Unión Europea con más conciencia ciudadana y legitimidad para asumir una etapa de potencia política. Y debe hacerse escuchando a la ciudadanía para tomar el pulso de las ambiciones de los ciudadanos.

04 mayo 2021
Estirpes y generaciones en el constitucionalismo iberoamericano
Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón

RESUMEN DE LA PONENCIA

El constitucionalismo iberoamericano puede articularse en una gran estirpe que va desde la emancipación a nuestros días y que responde a una influencia inicial y permanente del modelo constitucional estadounidense. Y puede articularse en tres generaciones:

La primera, se inicia con la misma emancipación, recibe la influencia francesa en dos sentidos: una, las constituciones revolucionarias de 1793 a 1795. De otra, la de la Constitución del año VIII (1799) que inspira a Simón Bolívar, desde el discurso de Angostura hasta las constituciones de Venezuela, Bolivia y Colombia.

Esta generación se caracteriza por el republicanismo, el federalismo, el presidencialismo, unos derechos fundamentales que siguen la pauta francesa de 1789 y de la primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

Una segunda generación se inicia con la Constitución Mexicana de 1917 e introduce los derechos sociales, fortalece la presidencia de la república, tiende a la centralización del federalismo y consagra el recurso de amparo.

Todos los países iberoamericanos siguen esta senda. Brasil se une a ella en 1889 y tanto los derechos sociales como el amparo se difunden por Europa.

En esta segunda generación también influye la constitución de la Italia fascista.

Una tercera generación atiende a las identidades indígenas iniciadas por la citada Constitución mexicana y que se desarrolla progresivamente hasta afirmar la policulturalidad y polietnicismo del Estado. La vigente Constitución de Bolivia es su máximo y mejor ejemplo.

27 abril 2021
Alfonso el Sabio, emperador de la cultura
Benigno Pendás García

RESUMEN DE LA PONENCIA

El 23 de noviembre de 1221 nació Alfonso en el convento de la Sta. Fe de Toledo. Estamos, pues, en el año del VIII Centenario, y esta ponencia trae causa precisamente del ciclo que organizó en 2020 el Instituto de España para conmemorar por anticipado la efeméride. Nuestra corporación me honró con el encargo de intervenir en su nombre en dicho ciclo de conferencias (frustrado por causa de la pandemia), ya publicado en libro junto con las notables aportaciones de nuestros colegas de otras Reales Academias. Mi colaboración allí lleva por título "El fecho del Imperio. Alfonso el Sabio desde la Historia de las Ideas Políticas", y se ha publicado también –por gentileza de Santiago Muñoz Machado– en la revista El Cronista, de amplia difusión en ámbitos intelectuales.

La versión que hoy se presenta incluye algunas novedades porque se centra en la ingente obra cultural y jurídica impulsada por el Rey Sabio y no solo –aunque también– en los avatares de la política internacional como la fallida aspiración al Sacro Imperio Romano-Germánico que consumió tiempo, energías y recursos por parte de nuestro personaje, cuyo linaje es ciertamente imponente: hijo de Fernando el Santo y de Beatriz de Suabia y –por esta vía materna– bisnieto de Federico Barbarroja y sobrino-nieto de Alejo Comneno, Emperador de Bizancio. Casó el Rey Sabio, además, con doña Violante, hija de Jaime el Conquistador, el gran monarca aragonés.

La ponencia se ocupa de tres aspectos principales:

  1. Política exterior, en particular el llamado "fecho del Imperio", es decir la fallida aspiración del Rey Alfonso al título de Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. Analiza también la singularidad del Imperio como forma política y el complejo juego de poderes en Alemania y también en Italia (güelfos contra gibelinos) que el Rey castellano no supo entender. Después de muchos años de esfuerzos baldíos, renunció a su pretensión imperial, bloqueada por los Pontífices romanos y por la reticencia de las Cortes de Castilla ante la solicitud de nuevos subsidios para hacer frente a una empresa lejana e incierta.
  2. Política interior, desde el éxito inicial hasta el fracaso final, con la rebelión de los nobles encabezada por su propio hijo y sucesor, Sancho "el bravo". En este contexto se estudia la doctrina jurídico-política del monarca, un anticipo de la soberanía estatal a partir del Derecho Romano que inspira el célebre Código de Partidas. Alfonso hace suya la idea del Rey como Emperador en su Reino y refuerza en lo posible el poder real frente a los nobles, buscando el apoyo de las ciudades y unificando la normativa interna.
  3. En particular, se estudia la obra de este Emperador de la Cultura (R. I. Burns), un caso único en la Historia porque Alfonso no solo impulsa, sino que ejecuta en parte personalmente un gran proyecto cultural. Así, se habla del corpus alfonsí en materia de lengua (con preferencia del castellano sobre el latín), de Historia (tanto "general" como de España), de música y poesía (las famosas "Cantigas") y de otros temas como la Astronomía/Astrología.

Termina la ponencia con la conclusión siguiente:

Ocho siglos se han cumplido desde el nacimiento del Rey Sabio. Solo a los especialistas importan hoy día las conquistas militares, las rebeliones nobiliarias, las intrigas imperiales o papales. No son convincentes a estas alturas las críticas desmesuradas de Mariana o de Martínez Marina. Permanece en cambio "la lucha por la cultura", propia de un monarca adelantado a su tiempo. Si lo juzgamos objetivamente, Alfonso X fue un hombre (casi) moderno a quien tocó vivir en tiempos poco propicios a su espíritu universal. A estas alturas, el "fecho del Imperio" es un capítulo intrascendente en el gran libro de la Historia. El Rey pasa: el Sabio permanece...: tenemos que celebrar como es debido el centenario, con rigor histórico y orgullo legítimo, sin mezquindades ni prejuicios. Si la pandemia lo permite...

20 abril 2021
Joseph Ratzinger/Benedicto XVI y el diagnóstico de nuestro tiempo. Una aproximación teológico-jurídica
Antonio María Rouco Varela

RESUMEN DE LA PONENCIA

Introducción

«Historiar» el presente exige conocer su contexto o marco existencial, o lo que es lo mismo, «su sitio en la vida» que viene del pasado, –al menos, del pasado más próximo– y que se abre al futuro presagiándolo e, incluso, pre-figurándolo. Así, «nuestro tiempo» podría identificarse razonablemente con las tres décadas de la transición del siglo XX a las dos primeras del siglo XXI.

Joseph Ratzinger/Benedicto XVI

Joseph Ratzinger/Benedicto XVI puede ser una guía para acercarnos al conocimiento de la actualidad que estamos viviendo en todo su trasfondo histórico-espiritual con sólida base informativa y seriedad intelectual. Catedrático de Teología Católica en Bonn (1959-1963), Münster (1963-1966), Tubinga (1966-1969) y Ratisbona (1969-1977); desde el 1 de marzo de 1977 hasta el 28 de febrero de 1982, Arzobispo de Múnich (München und Freising); Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde esa fecha hasta el 19 de abril de 2005, en el fue elegido Papa, llamándose Benedicto XVI. Su Pontificado se extiende hasta el 28 de febrero de 2013, día en el que se hace efectiva su renuncia.
La Biografía de Peter Seewald (2020) desvela una trayectoria existencial caracterizada por una entrega incondicional y temprana al servicio de la Iglesia y a la realización de su misión en el mundo y en la sociedad. Entrega y compromiso de un hombre de profunda vida espiritual conjugada con los rasgos de una personalidad afable, bondadosa, humilde y sencilla, reflejando siempre, aún en las coyunturas más difíciles, una admirable paz interior. La búsqueda de la verdad a través del estudio intelectualmente apasionado de la Teología es una constante en su vida. Su actividad universitaria se caracterizó por una dedicación exclusiva a la docencia y a la investigación, participando intensamente en el debate intelectual y cultural de las primeras décadas de la postguerra. Su «obra» oral y escrita refleja un pensamiento teológico que no cede ni un ápice de la fe de la Iglesia.
Su influencia personal en la metodología y en el debate doctrinal del Concilio Vaticano II, como redactor de las intervenciones del Arzobispo de Colonia, aunque discreta, fue decisiva para el formato teológico y canónico del Concilio. Le preocupaba sobre todo cómo se estaba enfocando el tema de la relación de la Iglesia con el mundo.
Su aportación teológica al Magisterio de la Iglesia en el largo pontificado de San Juan Pablo II se vio favorecida por la cercanía personal y la relación fluida y cordial con el Papa. Elegido Sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia Universal, completa el Magisterio de su antecesor con sendas encíclicas dedicadas a las virtudes teologales de la caridad (Deus Caritas est) y de la esperanza (Spe Salvi), a las que añade en el año 2009 una encíclica de doctrina social sobre el desarrollo de los pueblos, terminada y publicada en el contexto de la crisis económico-financiera del año 2008.
Benedicto XVI no se arredra a la hora del juicio y de la acción en asuntos y en momentos que tradicionalmente se consideran como «temporales» o «mixtos», referidos al mundo de las realidades económicas, sociales, políticas y culturales de su tiempo. Lo hace siempre a la luz de la fe, aplicando el principio metodológico del diálogo «fe y razón» y con el reconocimiento doctrinal de la autonomía propia de las instituciones civiles.
Su estima por el modelo de «la economía social de mercado» y del Estado libre y social y democrático de derecho la mantendrá siempre, con mayor o menor explicitud, incluidos los años de su Magisterio Pontificio.
Un lema y una confesión personal siendo Papa emérito resumen la historia de su biografía como testigo singularísimo de nuestro tiempo: el lema de su escudo episcopal «Cooperator Veritatis» (Cooperador de la verdad’, y una confesión realizada a Peter Seewald en Últimas Conversaciones, donde confirma que desde el principio de su Pontificado había tenido claro «el propósito positivo de colocar de nuevo en el centro el tema: ‘Dios y la fe’».

Fuentes

Para realizar esta aproximación se han utilizado los libros Rapporto sulla Fede con Vittorio Messori (1985); y Salz der Erde (1996); Gott und die Welt (2000); Licht der Welt (2016); Letze Gespräche (2016), Letzte Fragen an Benedikt XVI y la Biografía del 2020, de Peter Seewald, además de conferencias, discursos y coloquios mantenidos antes y después de su Pontificado.

«Nuestro tiempo»: un tiempo de crisis

En la lectura de J. Ratzinger/Benedicto XVI aparecen la palabra y la categoría «crisis» como un criterio transversal de interpretación y valoración de nuestro tiempo: crisis de pensamiento, de valores, de comportamiento y estilos de vida.
En su «diálogo con Habermas» en la Academia Católica de Múnich (enero de 2004) mantiene la tesis de que «lo que sostiene al mundo», «los fundamentos morales prepolíticos» –«el derecho natural»– están radicalmente cuestionados: ¡en crisis!.
Rememorando el final de sus años de Seminario y los primeros de su sacerdocio, o su etapa universitaria, recuerda cómo se podía percibir que el mundo real se había alejado en gran medida de la Iglesia. Y confiesa que la revolución de mayo del 68 se fue preparando durante la primera mitad de los años sesenta, pero estallaron en todo su dramatismo en la segunda mitad de esa década. «En cualquier caso, durante el Concilio no dominaban la escena mundial». Para Benedicto XVI, con el 68 se abre un capítulo nuevo de la historia, en cuyo horizonte se divisaba la crecida de una corriente de crisis moral, espiritual y religiosa.
La crisis moral se aborda en El informe sobre la fe (1985), donde señala como uno de los efectos moralmente más graves de «la revolución del 68» que «En la cultura del mundo desarrollado se ha destruido, en primer lugar, el vínculo entre sexualidad y matrimonio indisoluble. Separado del matrimonio, el sexo ha quedado fuera de órbita y se ha encontrado privado de puntos de referencia». En otros textos alude a la degradación de la moral sexual, que ha llevado por ejemplo al escándalo de los abusos. O a la separación entre la sexualidad y la procreación, con los experimentos para procrear sin sexualidad. Aborto, eutanasia… son otras derivadas del mismo problema.
Para Benedicto, la crisis moral afecta también al campo de la moral socio-económica, de la moral político-jurídica y de la moral cultural. Esa preocupación por la problemática económica, social, cultural y política de «nuestro tiempo» no le abandona nunca. Y ocupará un lugar de permanente atención en los años de responsable de la Congregación para la doctrina de la fe y en los de su Magisterio Pontificio. Así, por ejemplo, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, su Dicasterio publica dos «Instrucciones» como documentos del Magisterio Pontificio. Y, como Papa, la Encíclica Caritas in Veritate.
La crisis de la moral socio-económica concurre con la de la moral socio-política que ha ido erosionando sin pausa los fundamentos de la sociedad libre y del Estado democrático que nacen después de la experiencia de la II Guerra Mundial. Por eso, llama la atención de que corren peligro de diluirse los presupuestos éticos de los que vive el Estado libre y secular de derecho, como el derecho a la vida de toda persona humana desde su nacimiento hasta su muerte natural, inseparablemente vinculado al respeto a su integridad y a su identidad biológica, psicológica, familiar, cultural y religiosa.
La crisis de la moral socio-política, comprobable en los más variados contextos de vida y de conducta personal y social, no sería explicable sin la crisis doctrinal, patente en un sector muy notable de teólogos moralistas católicos, procedentes del mundo euroamericano y de sus Facultades de Teología. En su trasfondo ideológico y existencial incluía la influencia teórica de la confrontación de dos conceptos de conciencia: «el paulino» de la ley inscrita en el corazón del hombre y el actual, según el cual «la conciencia aparece como expresión del carácter absoluto del sujeto, sobre el que no puede haber, en el campo moral, ninguna instancia superior».
Otra de las crisis que le preocupan es la antropológica. Porque en el contexto de la crisis de la moral se encuentra una nueva edición conceptual de la idea de «superhombre», idea-clave de las ideologías totalitarias del siglo XX, que se asienta y domina progresivamente el panorama cultural y político de las sociedades contemporáneas después del «mayo del 68». En su discurso ante «el Bundestag» recuerda: «También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta a la naturaleza, la escucha, y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo». El análisis que hace de la raíz intelectual/espiritual del problema se concreta en que en la concepción positivista de la naturaleza y del hombre está operando la renuncia a conocer y a reconocer «la Verdad» en toda su realidad, grandeza y trascendencia. En varios de los textos consultados, analiza con discernimiento crítico el éxito cultural postmoderno de ese positivismo antropológico que renuncia a la verdad y que, en su materialismo de fondo, sobrepasa tanto la concepción cristiana del hombre como la de la Ilustración idealista.
Por último, en la valoración que hace del significado histórico del «68» para «nuestro tiempo» como factor último que la explica está la crisis de la fe en Dios. La crisis de «nuestro tiempo» vendría a ser, en último término, una crisis religiosa. Una crisis, la de la fe en Dios, que se acentúa en las dos primeras décadas del siglo XXI en un doble sentido: de ateísmo militante y de reducción y remisión de la vida y actividad religiosas a la esfera de lo privado; a lo sumo, al ámbito de la familia. El silencio de Dios resulta lo único «políticamente correcto».
En su famosa y debatida lección en la Universidad de Ratisbona (11-IX-2006), se interroga «sobre la racionalidad de la fe», sobre la relación fe y razón y sobre la relación religión y razón. Refuta y rechaza simultáneamente el uso de la violencia fundamentalista de la religión como había sido practicada y justificada por actores y tiempos radicales del Islam y para someter a crítica a «una razón moderna» que se autolimita científicamente, negándose a entrar en el conocimiento de las realidades trascendentes al calificarlas como «no científicas». Y aclara el problema de la relación entre «razón y religión», entre «razón y fe». Si «no actuar según la razón» en cosas de religión va en contra de la verdad más profunda del hombre, no menos contraria a la esencia de lo humano será «la aversión a los interrogantes fundamentales de su razón». La razón –el hombre– sufrirían una gran pérdida. Concluye invitando a sus interlocutores «a este gran logos, a esta amplitud de la razón». Así quedaría despejada intelectual, cultural y existencialmente la puerta para la salida de la crisis religiosa en su contemporánea.

Conclusión

La concisa lectura realizada en el presente artículo se ha quedado en la primera parte del diagnóstico: señalar las patologías. Sería interesante y necesario completarla con una segunda lectura que informase de las terapias de sanación y de recuperación de la salud moral y espiritual de nuestro tiempo que J. Ratzinger/Benedicto XVI propone y encarece.

13 abril 2021
1956-1957: La Arquitectura y las Ingenierías en la Universidad Española
Rodolfo Martín Villa

RESUMEN DE LA PONENCIA

El Sr. Martín Villa inició su intervención diciendo que los cambios, febrero del 56, en el Ministerio de Educación determinan el nombramiento de dos jóvenes catedráticos: Torcuato Fernández Miranda y Gregorio Millán Barbany, para las Direcciones Generales de Universidades y de Enseñanzas Técnicas, respectivamente.

Al primero, según la terminología de la época, le corresponde “poner orden” y, es posible, que su cargo influiría, no poco, en su elección como preceptor de Juan Carlos de Borbón que, por aquel entonces, accedía a la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid.

A Gregorio Millán Barbany, Catedrático de Mecánica de Fluidos de la Escuela de Ingenieros Aeronáuticos, le correspondió “poner progreso”, cuestión congruente con su carácter de ilustrado y persona a la que “nada humano le es ajeno”. Es el protagonista de la Ley de Reforma de las Enseñanzas Técnicas de julio de 1957, pieza esencial en la incorporación de la Arquitectura y las Ingenierías en la Universidad Española.

En el curso 1956-1957, sesenta y dos mil estudiantes de las Facultades y cerca de cinco mil que ya habían ingresado en las Escuelas Técnicas Superiores convivían en una vida universitaria que ofrecía posibilidades y actividades comunes. Con todo, eran notables las diferencias entre las universidades, cuando la de Salamanca, cumplía ya siete siglos y las Escuelas Técnicas nacidas, casi todas, en la primera mitad del siglo XIX.

La Universidad, en sus orígenes, estuvo presidida por la idea de proveer a la Iglesia en la formación de Filósofos, Teólogos y especialistas en Derecho Canónico. Las Escuelas Técnicas tienen un origen militar que desemboca en atender las necesidades de técnicos capacitados al servicio de los distintos aspectos de la actividad del Gobierno. Se sigue el modelo francés en el que la formación básica, en cierto modo elitista, predomina. En el modelo anglosajón se atiende especialmente la técnica ejercida desde abajo. Son los tiempos de la Revolución Industrial.

Por otro lado, las Academias creadas a lo largo del siglo XVIII, difícilmente pueden conectar con las Enseñanzas Técnicas. En España la Academia de Ingeniería se crea en la década de los ochenta del siglo pasado y no ingresa en el Instituto de España hasta 1994.

De otra parte, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas no se integran la mayoría de los centros dedicados a la investigación técnica. Los ministerios se estructuran atendiendo, no a los sectores de la actividad económica sino a la división entre los distintos cuerpos de funcionarios. Los Institutos de Investigación Técnica dependen, casi todos, de los ministerios correspondientes.

La ley de 1957 suprime el ingreso en las Escuelas Superiores. Los estudios tendrán una duración análoga a los de las distintas facultades y se crea el título de Doctor que facilita un profesorado, con estructura también análoga, a la propia de las Facultades Universitarias y la presencia de las Escuelas en la investigación científica y técnica. Se generaliza el acceso a las Escuelas Superiores de los Técnicos de Grado Medio y a estas Escuelas el de los titulados en la Formación Profesional.

Son tiempos de industrialización y desarrollo en España. El éxito, en cantidad y en calidad, de la reforma emprendida por Gregorio Millán es claro. El número de estudiantes y de graduados en la Arquitectura y en las Ingenierías se multiplica por diez en el espacio 1957-1958 y 1974 -1975.

Hoy las Escuelas no sólo tienen un alumnado mucho más numeroso, sino que han ido progresando de forma continuada. Hoy, también, la Escuela en la que estudié es mucho mejor que lo era en el curso 1956 -57.

Accesos directos

Fe de erratas
- Pág. 14, donde dice Sánchez Hidalgo, Alfonso, debe decir Sánchez Hidalgo, Adolfo
- Pág. 911, donde dice Alfonso J. Sánchez Hidalgo, debe decir Adolfo J. Sánchez Hidalgo
- Pág. 654, donde dice Soraeta debe decir Soroeta
- Pág. 1.154, donde dice Sánchez Hidalgo, Alfonso, debe decir Sánchez Hidalgo, Adolfo
- Pág. 1.154, donde dice Soraeta debe decir Soroeta
- Pág. 1.135, donde dice Ex juez del TJUE debe decir Ex juez del Tribunal General de la Unión Europea