Pleno de los martes

07-11-17

Novales Cinca, Alfonso ,

Cambio tecnológico, empleo y sistema educativo

 

RESUMEN DE LA PONENCIA

Con el progreso tecnológico muchos de los trabajos de cadenas productivas, así como los trabajos administrativos que se especializan en tareas fácilmente automatizables, se pierden de modo irreversible. Pero, más que desaparecer por completo, el empleo se desplaza desde los sectores que sufren en mayor medida la automatización hacia otros sectores que experimentan menor progreso técnico, así como a sectores emergentes que aparecen en relación con la nueva tecnología. Por tanto, es equívoco contabilizar únicamente la sustitución de personas por máquinas ignorando el desarrollo de nuevas tareas, nuevos trabajos y nuevas áreas de actividad productiva.

El análisis de las tareas desempeñadas en los distintos puestos de trabajo anticipa una polarización en el mercado de trabajo. Así se confirma en muchos países desarrollados desde los años 70 del pasado siglo, que vienen creando empleo significativamente en ocupaciones de gestión y de tipo profesional, que precisan liderazgo, creatividad, y la capacidad de resolver problemas y situaciones complejas que puedan presentarse. Generalmente requieren una cualificación educativa alta. También se crea empleo en servicios que combinan tareas de reconocimiento visual, comunicación verbal o habilidades relacionadas con movimientos no sistemáticos y difíciles de programar. Por el contrario, los trabajos basadas en tareas rutinarias apenas crean empleo y continúan perdiendo empleos debido a la automatización.

Probablemente, la polarización del empleo observada en las últimas décadas tenga un límite. La complementariedad entre personas y ordenadores y robots creará nuevas tareas que sean ejercidas por los mismos trabajadores que ven parte de su actividad sustituida por máquinas. Parece natural pensar que en el futuro puedan prevalecer una amplia gama de trabajos de capacitación media que combinen habilidades profesionales de carácter técnico con aquellas tareas en que los humanos tenemos ventaja: interacción personal, flexibilidad, adaptabilidad y resolución de problemas. Tareas para las que un sólido programa educativo de formación vocacional/profesional puede preparar. Muchas de estas tareas además, están intrínsecamente relacionadas entre sí, y no podrían desgajarse para ser asignadas a máquinas sin una pérdida de calidad en su realización.

En todo caso, para conocer el impacto final del progreso tecnológico sobre el empleo no pueden confrontarse las estimaciones de destrucción frente a creación de puestos de trabajo, porque las capacidades requeridas a los trabajadores que desempeñan unos y otros no son las mismas. Por eso será preciso disponer de un sistema educativo flexible y capaz de incorporar rápidamente la enseñanza de las capacidades que precise el desempeño de las tareas asociadas a las nuevas tecnologías.

El problema tiene, por tanto, dos caras: por un lado, debiéramos centrarnos en identificar las tareas y trabajos en que con mayor probabilidad los trabajadores humanos se verán desplazados por máquinas. Investigaciones como las desarrolladas por los profesores Frey y Osborne son muy útiles a este respecto. Por otro, querríamos anticipar las nuevas capacidades que puedan aparecer, pero esto es prácticamente imposible y la sociedad deberá prepararse para ajustarse con la mayor rapidez a las necesidades laborales que puedan surgir.

Aun no estando inequívocamente relacionadas, la polarización del empleo tiende a generar polarización salarial, de modo que aunque el cambio tecnológico pueda tener un efecto final relativamente pequeño sobre el empleo total, contribuye a una mayor desigualdad laboral. También se genera desigualdad entre regiones que tienen una tipología diferente de la actividad productiva, y entre países que tienen diferente grado de acceso al progreso tecnológico; el rápido y profundo cambio tecnológico que se avecina puede dejar definitivamente descolgados a muchos países, con las consiguientes implicaciones sobre los procesos migratorios. En definitiva si, como algunos creen, la automatización modificará la composición del empleo más que reducir su volumen, la política económica no necesitará preocuparse por un desempleo masivo. En vez de eso, los retos provienen de los notables cambios en el tipo de habilidades que las empresas demanden de los trabajadores y en el aumento de la desigualdad económica entre ellos.

 

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