El Rincón del Académico

04/10/12

Agustín Muñoz-Grandes Galilea

Ante la crisis... ¿qué puedo aportar yo?

 

    Durante mi vida profesional activa  traté de cumplir las órdenes que  recibía, con buen acierto cuándo las entendía bien , y en un nivel más bajo cuándo no llegaba a comprender el contenido ni el por qué del mandato, sin que el menor rendimiento pudiera achacarse a falta de disciplina. Y lo mismo  puedo aplicar a las órdenes que de mí emanaron.  Me esforcé por dictarlas de forma clara y directa , especialmente cuando tenía certeza de que no iban a gozar del aplauso popular. Y me fue bien. Parto de la base de que para conseguir el cumplimiento de misiones duras, que conllevan sacrificios, quienes las reciben deben tener inculcados ideales sólidos, y ser informados con claridad de lo que en cada paso se pretende alcanzar y la forma de hacerlo, sin que ello menoscabe la autoridad de quien las manda. Y hoy nuestra sociedad necesita ser motivada por ideales superiores a la simple consecución del estado del bienestar,  y el pueblo español merece explicaciones directas y claras.  ? 

  Ante  la grave crisis  que enfrentamos, los españoles recibimos desde el más alto escalón una orden clara: “Todos tenemos que arrimar el hombro” lo que, a los que estamos ya fuera de la parcela concreta donde hemos desarrollado nuestra actividad, nos plantea el incomodo problema de PENSAR como dar respuesta a aquella afortunada frase de Kennedy: “No preguntes que puede hacer la Nación por ti, sino qué puedes hacer tú por tu Patria.” 

     Mi conciencia empieza a acusarme de haber adoptado una pobre actitud en estos momentos de incertidumbre: No involucrarme en la solución de los problemas, con el riesgo de equivocarme, y limitarme a ser el sujeto pasivo que contempla como se derrumba el edificio que con tanto esfuerzo se levantó,  criticando, a toro pasado, a los actores activos. 

Todos ejercemos una cierta influencia en la esfera social en la que nos movemos, bien liderando el desarrollo de una idea o impulsando a otro, a quien consideramos más capaz, a que lo haga. Expondré sólo 3 de los muchos proyectos que quiero apoyar: 

1ª.- La Reactivación de Valores, que no los creo perdidos pero sí adormecidos por el permanente ataque del nihilismo, relativismo, laicismo (que no la laicidad positiva) y un largo etc. de “ismos”, ante los que hay  poca valentía en proclamar que siguen vigentes los principios del Humanismo Cristiano (no encuentro otros mejores) concordantes con la Ley Natural y recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. He percibido en distintos coloquios de análisis de nuestra actual crisis, como queda en segundo plano la regeneración de valores, para volcarse en la reestructuración de los sistemas económico y financiero, con severas críticas a las medidas adoptadas. 

Y siendo estos temas de capital importancia, creo que sin la reactivación de valores, que nos conducen también a una verdadera regeneración democrática, todo se viene abajo. Sin recuperar el valor de la solidaridad, uno de los dos pilares de nuestra Constitución (Artº 2), es difícil aceptar sacrificios a nivel autonómico, provincial o individual. Recordemos las valientes e incómodas palabras del Papa Juan XXIII al referirse a la verdadera solidaridad ligada al amor: No se trata sólo de desprenderse de lo superfluo, sino también de parte de lo que juzgamos necesario. ¿Estamos dispuestos a ello? 

Potenciando el sentido del honor junto al culto a la verdad, se evitarían tantos malos ejemplos que nos dan al pueblo llano, que contemplamos ya impasibles, como nuestros representantes se insultan públicamente, tildándose de mentirosos o vertiendo graves acusaciones, sin pruebas concretas, contra la honestidad de personas que quedan ya tocadas de por vida. ¿Como pedir sacrificios a quienes sobreviven con esfuerzo, si los niveles superiores no dan muestras continuas de austeridad, si mucho se habla de derechos y muy poco de deberes? Todo sonará a falso si no se predica con ejemplaridad y no se practica la virtud de la mutua lealtad

2ª .-  Fortalecer la Unidad de España, indispensable para que pueda progresar la creación de la Europa a la que pertenecemos. Hace 60 años presté solemne y público juramento, nunca cancelado, de defender esta Unidad, y como español que se siente orgulloso de serlo, he asumido la Historia de mi Patria bimilenaria, con sus glorias y fracasos, lo que me ha llevado a guardar un enorme respeto a nuestro pueblo que siempre ha respondido con generosidad y valentía, cuando se le ha sabido presentar ideales por los que merece la pena todo sacrificio y esfuerzo. Un pueblo al que en demasiadas ocasiones se le ha llevado al desastre cuando en sus dirigentes han predominado los egoísmos, la corrupción y los intereses partidistas. La recuperación siempre dejó en el camino heridas profundas que cuesta cicatrizar y que hay que cuidar que no se reabran. ¿Lo estamos haciendo? 

No ha salido bien el  desarrollo del Estado de las Autonomías, que se ha descontrolado. Pienso que se puede rectificar conservando las raíces de lo que en el 78 se presentó como un proyecto  atractivo, si hay valor para entrar de lleno en los males que le acosan, reestructurando la fragmentación del Estado, recuperando el Gobierno central competencias que nunca debió ceder, y plantando cara a los nacionalismos excluyentes que empezaron presentando el falso argumento de la España como nación de naciones, para pasar ya a pedir la separación total, basándose en falsos referendos que ignoran que la soberanía reside en el pueblo español (art º 1), en todo él y no sólo en una de sus partes, la rotundidad y claridad del artº 2 sobre la indisoluble unidad de nuestra Patria, y las disposiciones constitucionales que impiden cualquier segregación  por la puerta de atrás.  

3ª.- Combatir el derrotismo que nos ahoga y  derrumba nuestra autoestima. ¿Se le puede vencer? Sinceramente, sí. Conocemos bien las causas de la crisis, tenemos sabios economistas y sociólogos y están diseñadas las rutas a seguir, siempre mejorables, con las duras medidas que nos pide Europa, pero nos falta aplicar dos viejos principios del arte de la guerra (la crisis es una batalla que hay que ganar): La “Acción de Conjunto” (concurrencia de esfuerzos), y la “Voluntad de vencer”, unida a la “Fe en la Victoria”. Así lo hicieron en situaciones extremas por ejemplo el vizcaíno Diego López de Haro capitaneando las vanguardias de los ejércitos castellanos, aragoneses y navarros  en Las Navas de Tolosa (1212), o el barcelonés Luis de Requeséns contribuyendo decisivamente en la victoria de Lepanto (1571), o el guipuzcoano Blas de Lezo (1741) en su heroica participación en la derrota de la imponente flota del orgulloso Almirante inglés Edward Vernon en Cartagena de Indias, o todas las regiones de España unidas con derroche de patriotismo en la lucha contra el invasor francés. 

Factor común en todos los casos: Unión y apoyo leal al que ejerce el mando, lo que incluye la crítica constructiva. Así lo hacen permanentemente nuestras Fuerzas Armadas que siguen sólidas y en su sitio, así lo hicieron los alemanes en 2005 uniéndose la sociedad con sus grandes partidos políticos para acometer las reformas estructurales necesarias para sacar a Alemania adelante, y así podríamos hacerlo nosotros. Nos iría bien. 

                                                                  

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